Tras la búsqueda realizada se han seleccionado un sumario de evidencia (SE) deUpToDate, un estudio observacional multicéntrico, un documento de consenso de la "Infectious Diseases Society of America" (IDSA), un ensayo clínico aleatorizado (ECA) y una revisión sistemática (RS). Los documentos coinciden en comentar que los estudios realizados en pacientes sometidos a diversos tipos de cirugía, respaldan la recomendación de que los catéteres permanentes se eliminen lo antes posible una vez que ya no sean necesarios, salvo que existan indicaciones específicas de un sondaje prolongado.
El SE(1) indica que los catéteres urinarios deben usarse selectivamente para pacientes quirúrgicos en función de la naturaleza y la duración del procedimiento, o la necesidad de monitorización perioperatoria de líquidos. Los catéteres se deben extraer lo antes posible, preferiblemente en el área de recuperación, si es posible.
Las indicaciones del sondaje vesical relacionado con los procedimientos quirúrgicos son los siguientes:
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Durante la cirugía para evaluar el estado del líquido y prevenir la sobredistensión de la vejiga (es decir, procedimientos prolongados, infusión de gran volumen de líquidos).
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Durante y después de cirugías específicas del tracto genitourinario o estructuras adyacentes (es decir, cirugía urológica, ginecológica, o colorrectal)
Un estudio multicéntrico(2), que englobó a dos mil novecientos sesenta y cinco hospitales estadounidenses de cuidados de agudos y que incluyó a 35.904 pacientes sometidos a cirugía mayor (derivación de arteria coronaria y otras operaciones cardíacas de tórax abierto, cirugía vascular, cirugía colorrectal abdominal general o artroplastia total de articulación de cadera o rodilla), tuvo por objetivo describir la frecuencia y duración del uso del catéter perioperatorio y determinar la relación entre el uso del catéter y los resultados postoperatorios. Concluyó que los catéteres urinarios permanentes se mantienen rutinariamente más de 2 días después de la operación, y que esta práctica se asocia con un aumento de las infecciones del tracto urinario (ITU) yatrogénicas, con un aumento de la mortalidad y un retraso en las altas hospitalarias.
El documento de consenso(3) de la IDSA, estableció recomendaciones basadas en evidencia para procedimientos y estrategias con el objetivos de reducir los riesgos de bacteriuria asintomática asociada a catéter e infecciones del tracto urinario. Indica que la forma más efectiva de reducir la incidencia de ITU es reducir el uso del cateterismo urinario y restringir su uso a pacientes que tienen indicaciones claras de cateterismo vesical; además se debería retirar el catéter tan pronto como sea posible cuando ya no se necesita. Las estrategias para reducir el uso del cateterismo han demostrado ser efectivas y es probable que tengan más impacto en la incidencia de las ITU que cualquiera de las otras estrategias abordadas.
Un ECA controlado(4) para determinar si el sondaje urinario prolongado de la vejiga después de la cirugía vaginal del prolapso es ventajoso, agrupó a las pacientes en dos grupos: en el primero (n=50) se les retiró la sonda al quinto día después de la operación y en el segundo (n=50) a la mañana siguiente de la operación. Los volúmenes residuales que excedían 200 ml y la necesidad de repetir el sondaje ocurrieron en el 9% en el grupo de sondaje prolongado frente al 40% de pacientes en el grupo de sondaje no prolongado (odds ratio [OR] 0,15; intervalo de confianza [IC] 95% 0,045-0,47). Los cultivos positivos de orina fueron encontrados en el 40% de casos en el grupo de sondaje prolongado comparado con el 4% en el grupo no prolongado (OR 15; IC 95% 3,2-68,6). La duración media de hospitalización fue de 7 días en el grupo prolongado y de 5,7 días en el grupo no prolongado (P < 0,001). Concluyen los autores en que es preferible el retiro de la sonda urinaria a la mañana siguiente de la cirugía y solamente se debe realizar un sondaje prolongado cuando hay indicaciones específicas.
La RS(5), con metanálisis, compara la extracción inmediata con la diferida del catéter después de una histerectomía, para identificar los beneficios y el daño del uso de un catéter urinario permanente después de la histerectomía no complicada. La RS incluyó 10 ensayos clínicos aleatorizados con un total de 1.188 mujeres. En todos los casos las sonda vesical se retiró a las 12, 24 o 36h. El metanálisis mostró que no hubo diferencias significativas entre la extracción inmediata y diferida del catéter en cuanto a la duración de la estancia hospitalaria. La extracción temprana del catéter se asoció con un menor riesgo de cultivo de orina positivo (riesgo relativo [RR] 0,60; IC 95%: 0,40 a 0,88) y de ITU sintomática (RR 0,23; IC 95%: 0,10 a 0,52). Sin embargo, la incidencia de recateterización fue menor entre los pacientes con retirada tardía del catéter (RR 3,32, IC95%: 1,48 a 7,46). No hubo diferencias significativas en la morbilidad febril asociada con la ITU entre los dos enfoques (RR 0,38; IC 95%: 0,11 a 1,36). Además, la retirada tardía del catéter se asoció con un mayor tiempo para inicio de la deambulación (diferencia de medias estándar -2,73, IC del 95%: -4,00 a -1,47).
Las medidas de resultado para la incomodidad asociada al catéter variaron entre los estudios, y no fué posible agruparlos para el metanálisis. La función de vaciado después de la extracción del catéter se evaluó sólo en unos pocos estudios.
En conclusión, esta revisión proporciona evidencia más sólida de que la retirada tardía del catéter después de la histerectomía no complicada se asocia con la aparición de bacteriuria y infección del tracto urinario (ITU) sintomática, aunque puede prevenir la retención urinaria postoperatoria.