En base a la escasa documentación disponible, se considera que el ejercicio físico podría ser beneficioso para pacientes con mieloma múltiple (MM), antes, durante y después del tratamiento. Sin embargo, se deberían tener en cuenta todos los aspectos de la salud del paciente al determinar los planes de ejercicio para evitar lesiones o complicaciones innecesarias durante una situación de salud de por sí ya compleja. Además, las personas con problemas esqueléticos pueden hacer ejercicio, pero podrían requerir supervisión y motivación para seguir adelante con cualquier programa.
Una Guía de Práctica Clínica (GPC) canadiense(1) afirma que existe evidencia de los beneficios físicos del ejercicio antes, durante y después del tratamiento para pacientes con MM. Indica que los programas de ejercicio individualizados y mixtos pueden crear una base física más fuerte antes del tratamiento y reducir el impacto durante la fase de desacondicionamiento, posiblemente reduciendo el tiempo de recuperación. Asimismo explica que las decisiones sobre movilización y ejercicio en estos pacientes deben tener en cuenta las lesiones óseas y situación del paciente (basada generalmente en parámetros de laboratorio):
- En pacientes con Hb< 8g/dL es importante monitorizar las constantes vitales durante el tratamiento realizado por el fisioterapeuta y que este discuta con el médico responsable la necesidad de monitorizar algún signo adicional. El paciente con neutropenia debería utilizar mascarilla y los equipos de fisioterapia deberían ser convenientemente desinfectados antes y después del uso por estos pacientes.
- Se recomienda evitar ejercicios vigorosos en pacientes con plaquetas <50,000/μL y el uso adecuado de ropa y equipo para prevenir el sangrado por traumatismo.
- Ante trombopenias con recuentos <10.000/μL se recomienda realizar solo deambulación esencial (por ejemplo, ir al baño). También se recomienda realizar rango de movimiento (ROM) suave (con asistencia o supervisión), con el paciente sentado o acostado para prevenir el sangrado debido a una caída.
- Con 10.000-20.000 plaquetas/μL se recomienda ROM suave y ejercicios de entrenamiento de fuerza sin resistencia; en pacientes que pueden mantenerse en pie solos o con asistencia y no tienen signos de sangrado pueden realizarse en bipedestación y deambulación.
- Con 20.000-40.000 plaquetas/μL sugieren ejercicios de resistencia ligeros usando bandas elásticas si no hay signos de sangrado sin esfuerzo; se recomienda que los ejercicios se realicen sin esfuerzo para evitar el sangrado debido a posibles picos en la presión arterial.
- Se recomienda actividad aeróbica suave, (incluida bicicleta estática) con plaquetas >40.000/μL.
Añade que los ejercicios prescritos deberían tener en cuenta el riesgo de fractura y adaptarse a estos pacientes. Los movimientos de torsión, la flexión hacia adelante, los alcances por encima de la cabeza, los empujones, los tirones y el levantamiento de pesas pueden causar o empeorar las fracturas vertebrales en pacientes con lesiones óseas. Deberían evitarse, por ejemplo, actividades de alto impacto, movimientos de rango extremo, seguir los principios de cuidado de la espalda y usar ayudas y aparatos ortopédicos apropiados para la movilidad.
De los Sumarios de Evidencia revisados(2-5), sólamente el de Dynamed(2) sobre MM menciona que la incorporación de ejercicio físico aeróbico a la atención estándar podría reducir la fatiga y mejorar la calidad de vida en adultos con neoplasias hematológicas (DynaMed Level 2*) basándose en una revisión sistemática (RS) de la Cochrane Library(6).
Esta RS fue publicada en 2014 y actualizada en 2019, y revisa el ejercicio físico aeróbico para pacientes adultos con neoplasias hematológicas(6).Expresa que hay evidencia de calidad moderada a muy baja sobre los beneficios y daños del ejercicio físico aeróbico en adultos con neoplasias hematológicas. Refieren los autores que el ejercicio físico aeróbico además de la atención estándar probablemente mejoraría la fatiga y la depresión, pero que no hay evidencia de diferencias en términos de mortalidad, calidad de vida, funcionamiento físico y ansiedad entre las personas que hacen ejercicio y el grupo de control. La certeza de la evidencia relacionada con eventos adversos graves es muy baja pero el ejercicio podría aumentar el número de esos eventos. En esta RS también se refleja que, se necesitan más ensayos con más participantes y períodos de seguimiento más prolongados para establecer el tipo y la intensidad más efectiva de ejercicio físico,
Una Revisión Narrativa sobre la prescripción de ejercicio en pacientes con metástasis óseas o MM en Austria(7) explica que el riesgo de fractura en estos pacientes se evalúa mediante un abordaje multidisciplinar cuyo resultado es una clasificación de las diferentes áreas corporales según su riesgo de fractura (muy alto, ligeramente aumentado, sin riesgo). Según este documento, las zonas con riesgo ligeramente elevado no deberían realizar cargas que excedieran las de las actividades de la vida diaria mientras que debería evitarse cualquier estrés físico adicional en las de riesgo muy alto. En opinión de los autores, las fracturas patológicas y los aplastamientos vertebrales deberían estar excluidos de la realización de ejercicio. Este documento aporta (tabla 1) un listado de contraindicaciones para la realización de ejercicio en estos pacientes entre las que se encuentran, a diferencia de la GPC arriba mencionada, una Hb< 8/dL o una trombopenia <20×109/L.
Por último, en la búsqueda realizada con fecha posterior a la publicación de la RN de 2023, se ha encontrado un ensayo clínico aleatorizado, acerca del ejercicio en pacientes recién diagnosticados con MM(8). En él se estudió el efecto de un programa de ejercicio físico individualizado de 10 semanas sobre la función física, la actividad física, la masa corporal magra , la densidad mineral ósea , la calidad de vida y el dolor en pacientes recién diagnosticados con MM. Se evaluó la enfermedad ósea en cada caso y se ajustó el ejercicio en consecuencia. Como resultado primario se estimó la fuerza de extensión de la rodilla. Como resultados secundarios se evaluaron: prueba de caminata de seis minutos, prueba de sentarse y levantarse en 30 segundos, fuerza de agarre, nivel de actividad física, masa corporal magra, densidad mineral ósea, calidad de vida y dolor. Las mediciones se realizaron antes y después de la intervención, y después de 6 y 12 meses. Se incluyeron 100 pacientes, 86 fueron evaluables (44 en el grupo de intervención y 42 en el grupo de control). Los autores no observaron diferencias estadísticamente significativas entre los grupos y concluyeron que el estudio no encontró ningún efecto sobre la función física o la actividad física del ejercicio supervisado iniciado tempranamente en pacientes con MM recién diagnosticado. Sin embargo, señalan que los hallazgos no descartan los posibles beneficios para pacientes seleccionados. También destacan que establecer un programa de ejercicio individualizado es factible y seguro y consideran que los estudios sobre ejercicio en MM continúan estando justificados, en particular en pacientes mayores después de completar el tratamiento primario.
* Consultar nivel de evidencia y grado de recomendación en texto original.